Behind.

Un trozo de espejo, un vaso con agua, una canica que no sabe girar, unos gritos envasados al vacío que nadie quiso nunca escuchar, una mirada en una cámara de fotografía, una gran bola de cristal que refleja el cielo, un arcoiris pintado en un trozo de servilleta, dos palabras escritas con rotulador en el marco de una puerta, un nombre, una sonrisa, una canción, siete frases de siete palabras, miles de listas de cosas que nadie entiende;
papel y un bolígrafo.

jueves, 30 de junio de 2011

Paint your Lips.

Se miraba en el espejo con la vista perdida entre los cientos y cientos de cosméticos que tenía en su tocador. Estaba pensando en él, en lo que quería hacerle.
Quería besarle y dejar grabada su huella en cada parte de su piel.
Su cuello, sus labios, sus mejillas, su torso, su cadera... lo quería todo para ella. Y no pensaba dejar ni un solo milímetro de su piel sin cubrir.
Ahora solo tenía que pensar como hacerlo. Quería dejar su marca de forma que traspasara más hallá de la propia piel. Dentro, todo lo dentro que le fuera posible.
Que jamás olvidara el contacto de sus labios y que si algún día otros lo tocaban un escalofrío le hiciera pensar en ella.
Sacudió la cabeza y se centró finalmente en su imagen reflejada en el cristal ilumináda por las luces que se encontraban a ambos lados. Esbozó una amplia sonrisa y alargó la mano en dirección al lapiz de labios rojo.
Había sido una compra impulsiva y jamás lo había llegado a usar. Lo cogió con el dedo índice y pulgar y lo miró con detenimiento durante unos instantes.
Balanceándose entre sus dedos aquella pequeña pieza de cosmética le pareció perfecta, infinitamente atractiva y sobre todo llamativa. Lo abrió con suvidad, como quien maneja una joya única y delicada. Hizo subir la barra que brillaba con fuerza sin ninguna marca de usos anteriores y la acercó a sus labios. 
Cuando acabó se miró al espejo sonriendo con amplitud; esa, esa era la sonrisa que quería mostrarle a él. Era la sonrisa que le haría perder la cabeza en mitad de sus besos.
Se pintó los ojos con un lapiz negro que la proporcionó, en su opinión, la mirada perfecta. Una mirada fuerte y decidida que no delataba miedo por ninguna parte. 
Se rió con suavidad y bastante timidez. Le gustaba ese aspecto de si misma.
Y aún así, con los labios rojos y los ojos bordeados de negro, seguía teniendo el aire inocente y descuidado que la caracterizaba. Tierna y pequeña pero con intenciones de lo más perversas.
Con un gesto ágil de la mano deshizo el recogido de su pelo y lo soltó, revolviéndolo con la mano al instante.
Se levantó del tocador y se miró una última vez sonriente. Se quitó el albornoz dejándolo deslizar por sus curvas para caer finalmente al suelo, abandonada. Se puso la ropa interior, cuidadosamente elegida para la ocasión y se acercó al armario.
Sabía que quería ponerse, era evidente para ella. Por eso, sus ojos de dirigieron casi de forma simultánea a la falda negra de la esquina.
Tal vez fuera demasiado corta pero no tenía intención de ponerse otra cosa.
Quedaban veinte minutos para salir de casa y la camisa ya estaba perfectamente abrochada. 
Estaba lista y su sonrisa lo decía todo.

miércoles, 29 de junio de 2011

Dejemos latir rápido esos corazones adolescentes ♥

Me gusta suponer que tienes más inteligencia, un mejor beso, un toque más sensual... una , que cualquier otro chico que pueda apetecerme conocer.
No sé, ¿quién sabe? A lo mejor he tenido suerte al haberme encontrado contigo.
Vamos a juntarnos, muy juntos. Vamos a dejar a nuestros corazones adolescentes latir rápido.

"Más inteligencia, una forma mejor de besar, un toque más sensual...
Una manera mejor de hacerlo."

martes, 28 de junio de 2011

Desnúdate.

Nena, deja de dar vueltas delante del espejo y de revolver los cajones en busca del atuendo perfecto, estoy más que segura de que tanto marearte a ti misma solo servirá para acabar desvestida.
Tampoco creo que te tengas que preocupar por tu pelo, acabará revuelto y se desharán todos tus esfuerzos. Aunque no creo que eso te inquiete de una manera muy exagerada.
¿Y el maquillaje? Bueno, un leve tono rojo en los labios y un poco de negro en los ojos. Mirar con fuerza es mirar con fuerza, sin importar la situación.


Eso si, elige bien tu ropa interior. Siempre suele dar siempre una buena imagen.

F.Kafka

"Si me encuentro a una chica preciosa y le pido: "Vamos a divertirnos, ven conmigo", y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa:
-Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo.

Y yo pienso:
-Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando.



Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?".

lunes, 27 de junio de 2011

Plan B.

No fuí. Me quedé en casa y lloré.
Busqué una excusa, le llamé, me disculpé y me tiré en la cama para componer una idea de lo que acababa de hacer.
Me mordí el labio hasta sangrar para evitarme pensar que estaba en casa por culpa del miedo y gracias a una excusa mala.
Me planteé llamar a alguna de mis amigas para fumar, para beber, para reírme y evadirme de todo. Pero sabían donde debía estar y seguramente preguntarían el porqué. Y yo, que no soy muy dada a explicar, seguramente me derrumbaría con solo mirarlas.
Me apeteció salir con ella, muerderle la boca y abrazarme a sus caderas. Por eso que dicen de que un clavo saca a otro clavo y a lo mejor me dolería menos pensar en lo estúpida que había sido. Pero no podía hacerle eso a ella, que no tenía la culpa de nada.
Tal vez la solución era colgarme al teléfono y que alguien me contara todas sus penas las veces que fuera necesarias. Pero yo no quería escuchar a nadie hablar.

Así que, como no había nada que pudiera hacer. Decidí levantarme de la cama y cojer el autobus. La primera opción siempre suele ser la mejor.
Pero por si acaso está bien tener un plan B.