Behind.

Un trozo de espejo, un vaso con agua, una canica que no sabe girar, unos gritos envasados al vacío que nadie quiso nunca escuchar, una mirada en una cámara de fotografía, una gran bola de cristal que refleja el cielo, un arcoiris pintado en un trozo de servilleta, dos palabras escritas con rotulador en el marco de una puerta, un nombre, una sonrisa, una canción, siete frases de siete palabras, miles de listas de cosas que nadie entiende;
papel y un bolígrafo.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Bring the drugs, baby, I can bring my pain.



Sabes, que cada uno entienda lo que quiera o lo que pueda. Que yo ya no tengo que darte explicaciones de nada.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Elegir para no fallar.

Soñar bajo la lluvia. Soñar envueltos en una corriente de aire frío, de aire caliente, de aire lejano que arrastra polvo de otras tierras. Soñar bajo el sol, tirados en el césped, oteando las nubes, formando cuentos. Soñar hundiendo los pies en la arena de la playa, escuchando las olas, perdiendo la mirada. Soñar notando el agua chocar contra tus pies. Soñar con el humo invadiendo tus pulmones, con ese olor a verde tan familiar, no sé, dejarse llevar, volar. Soñar y soñar y soñar y soñar.  Y no parar ni un solo instante de viajar con la mente a páramos perdidos y a recovecos inexistentes de la tierra de tu alma. 
Dejarse fluir: ¿soñar o vivir? Al final todo se reduce a soñar una historia, escribir esa historia y comenzar a vivirla o seguir en casa, soñándola. 
Podría decirse que todo está mal, habría que corregirse para avanzar y dejar de soñar. 
Vivir bajo la lluvia. Vivir envueltos en una corriente de aire frío, de aire caliente, de aire lejano que arrastra polvo de otras tierras. Vivir bajo el sol, tirados en el césped, oteando las nubes, formando cuentos. Vivir hundiendo los pies en la arena de la playa, escuchando las olas, perdiendo la mirada. Vivir notando el agua chocar contra tus pies. Vivir con el humo invadiendo tus pulmones, con ese olor a verde tan familiar, no sé, dejarse llevar, volar. Vivir y vivir y vivir y vivir. Y no parar ni un solo instante de viajar por el mundo a los páramos perdidos y a los recovecos increíbles de la tierra que hay bajo tus pies.
Que solo es cruzar una línea que dista el sueño de la realidad, que separa la inexistencia de lo real. La que separa tu mundo de ensueño de la fría verdad, la distancia en la cual pasas de no escuchar nada a tener encima el ruido fatídico del mundo.
Pero, si te vas, no te preocupes; aunque no pares de vivir nadie te puede prohibir soñar.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Averiados.

"Quizás sea una huída de golpe y de frente, 
un verso perdido entre toda la gente.
A medio camino entre suerte y destino,
me quedo perdida en un micro olvido.
Tal vez esta noche me quede sin aliento,
tirada en el suelo, vacía, sin tiempo...
Pero puedo jurarte con toda firmeza,
que mañana me levantaré de una sola pieza."

jueves, 6 de septiembre de 2012

Soy ecos y reflejos esta noche.

Y ahí estaré yo, detrás de tu ventana, acumulando mis pensamientos como se acumula el vaho en los espejos. Y me apoyaré en mi misma y reafirmaré mis ideales, chillaré, me retorceré y moriré de ganas de quebrarme la boca por un beso o por una de esas sensaciones tan estúpidas como ciertas.
Miraré desde un rincón de la estación como alguien toma mi tren y se va a donde debería ir yo. Odio quedarme parada cuando debería estar corriendo detrás de mis oportunidades y abrazándolas, dejando borradores escritos por todas partes, frases que nadie lee, que a nadie le importan realmente. 
No quiero seguir parada otra noche más, soñando con las aventuras que no he vivido y no me gusta tener miedo, ni que el miedo me frene. 
Quiero dejarme llevar, que me puedan las ganas, mandar a la mierda al mundo y a los complejos que me han establecido. Quiero llorar cuando me apetezca y que nadie me pregunte qué coño me pasa o por qué no puedo parar de llorar. Una vez más, me asomaré a mis miedos para gritar, para chillar, para patalear y quejarme. Porque, Dios, amo quejarme. Y ser inconformista y que a nadie le importe, que pasen si quieren o se impliquen si les apetece.
Y quiero amar, y que me amen. Dejarme ser con quien me importa, dejar que me desmonte y me descubra y quiera quedarse conmigo solo porque le gusta más lo que solo él puede ver. Joder, quiero dejarme bañar por la locura tormentosa de mis ideas despedazadas. Y quiero que en noches como esta se me haga caso, se me escuche, se me tenga en cuenta.
¡Quiero que me leáis con atención aunque os importe una puta mierda lo que estoy pensando y por qué estoy escribiendo! ¡Y que alguien me quiera ahora! ¡Que satisfagan mis caprichos, todos y cada uno de ellos! Los más estúpidos y los más extraños. 
Te juro que ahí estaré, detrás de tu ventana dibujando círculos en el vaho, dibujando miedo en tus cristales. Porque me apetece, porque mi capricho es estar ahí, como una idiota plantada con los ojos vidriosos y cansados, con las pestañas temblorosas y los dedos entumecidos a causa del frío. Pero ahí, cuidando de ti, ahuyentando tus miedos, ocupando tus sueños, desmembrando tus pesadillas. No sé, lo que te apetezca. Porque ese es mi capricho esta noche, apartarme del mundo hasta el silencio de tu ventana y quedarme ahí, ignorada y pequeña. Porque no tengo ningún tipo de ganas de hacer otra cosa. Porque no me quedan fuerzas.
Porque si.

Me faltarán palabras para decirte lo mucho que te quiero.

La encontró apoyada en la ventana, chasqueando la lengua molesta y tocó su hombro, ofreciéndola una cálida sonrisa tratando de reconfortarla. Estaba triste, él lo sabía, y cansada, lo notaba en la posición caída de sus hombros, y sus ojos pedían a gritos un abrazo que ella solo era capaz de callar.
Con una mirada interrogante, la dejó saber todo lo que no hacía falta decir.
-Encuentro la paz en la lluvia, por eso estoy molesta. Hace meses que no llueve.
-Tú siempre has dicho que llorar es como llover.
-Pero yo no estoy llorando.
-Que no haya lágrimas en tus ojos, no quiere decir que no estés llorando por dentro. Que sonrías no significa que estés feliz y que me mires así no quiere decir que estés enfadada, solo que sabes que tengo razón.
La mirada de ella se le clavaba con fuerza en la retina suplicando un respiro, pero sus labios fruncidos querían decir que estaba enfadada. Pero ambos sabían que ella no podía enfadarse, no cuando él la miraba a los ojos con esa sonrisa y esas maneras le hacía imposible enfadarse. Por eso rodó los ojos y con un suspiro desvió la mirada apoyando la cabeza en la ventana y observando un día perfectamente soleado que la repugnaba en ese instante.
-Facilitaría las cosas que me dijeras lo que te pasa. Sé que voy a tener que sacártelo a trompicones y que es bastante probable que tenga que abrazarte hasta que llores y llorarás y llorarás hasta calmarte y poder hablar. Pero, ¿sabes? voy a quedarme contigo, en cada sollozo y en cada lamento. Y te quejarás por haberme manchado la camiseta, pero a mi no va a importarme. Y te molestará haber llorado y que yo lo haya visto, pero te abrazaré más fuerte y te besaré la frente hasta que dejes de llorarte.
Con suavidad, se giró para mirarle y de pronto se sintió aplastantemente pequeña. Y empezó a llover. A fuera había un sol brillante, pero la lluvia tormentosa que él había visto dentro de sus ojos comenzó a salir, a dejarse ver y ella se dejó caer apoyándose sobre él que la recibió con los brazos abiertos y las manos preparadas para acariciar su pelo. 
Como una promesa silenciosa que se cumplía con cada pequeño gesto, él estaba ahí una vez más. Como un claro de cielo en mitad del cielo gris, secaba sus lágrimas mirándola y dándola suaves besos, pequeños gestos de cariño de esos que te sacan de todo lo malo, de esos que son necesarios. 
Y se abrazó a él hasta no poder más. Hasta para de llorar y dejarse impregnar solo por su contacto, hasta volver a sonreír, hasta volver a olvidarse de todas esas cosas que la hacían sentirse a morir. Solo porque él había decidido aparecer cuando le hacía falta su presencia, solo porque le necesitaba y no le había importado estar ahí para hacerla sonreír.


Sabes lo mucho que me cuesta hablar mirando a los ojos y sabes de sobra que no tengo maneras ni palabras para darte las gracias por aparecer siempre cuando más falta me haces.
Y, aunque no te lo pueda decir con palabras, siempre puedo intentar escribir de alguna manera lo que pasa por mi cabeza. Te quiero.
G.