- Acabo de leer esta entrada, y la música aún suena en mi habitación. No tengo palabras para describir todo lo que me has hecho sentir, pues aparte de las ganas de llorar ha habido algo más, más dentro del alma y menos en el corazón. Has sido capaz, con tus palabras y la música, de calmar algo que tenía nombre y que ahora permanece agazapado en un rincón (el miedo) Hace unos días decidí dejar de escribir, olvidarme de mis sueños y ser lo que los demás querían que fuera, pero, gracias a esta entrada, a ti, a tus palabras y a la música he decidido continuar con mis sueños, escribir hasta que me harte o hasta que las voces en mi cabeza se callen. No sé porqué te cuento todo esto, quizás porque el cambio te lo debo a ti, o porque quizás, en el fondo, pienso que si alguien me va a comprender eres tú, pues también escribes y seguro que alguna vez has sentido lo mismo que yo. Muchas gracias, de nuevo, por las palabras que con tanta precisión escribes. Gracias por soñar y por darme seis minutos de vida.Por esto merece la pena seguir escribirendo.
Behind.
Un trozo de espejo, un vaso con agua, una canica que no sabe girar, unos gritos envasados al vacío que nadie quiso nunca escuchar, una mirada en una cámara de fotografía, una gran bola de cristal que refleja el cielo, un arcoiris pintado en un trozo de servilleta, dos palabras escritas con rotulador en el marco de una puerta, un nombre, una sonrisa, una canción, siete frases de siete palabras, miles de listas de cosas que nadie entiende;
papel y un bolígrafo.
viernes, 30 de septiembre de 2011
GRACIAS.
jueves, 29 de septiembre de 2011
R.
Se mece, choca contra las rocas y sus restos acarician con suavidad mi cara. La sal impregna mis mejillas y me hace sonreír. Sus ojos tenían el mismo color, ese azul mar reflejo del cielo pero con un brillo incomparable. Suspiro, sin dejar de sonreír. Dejo sin oponer resistencia que el viento golpee contra mi cara y revuelva mi pelo.
El salitre entra por mi nariz, dejando en mis pulmones una extraña alegría salada que no se puede describir.
Que bien estoy, que bien me siento. Que pocas ganas de dejar pasar estos instantes en los que estamos encontrados el azul cielo, el azul mar, el blanco espuma y mis ojos. Sería perfecto que durara para siempre.
El salitre entra por mi nariz, dejando en mis pulmones una extraña alegría salada que no se puede describir.
Que bien estoy, que bien me siento. Que pocas ganas de dejar pasar estos instantes en los que estamos encontrados el azul cielo, el azul mar, el blanco espuma y mis ojos. Sería perfecto que durara para siempre.
Quería sonreír por algún motivo especial, pero el simple hecho de estar apoyada en aquel lugar mirando el mar ya me hacia inmensamente feliz.
martes, 27 de septiembre de 2011
Forever young.
Esta locura es lo que queremos, la hemos elegido y ya es algo totalmente nuestro.
Nuestras imágenes pesan lo que pesan nuestros sueños. Aquellos que hemos dejado desde siempre escritos en cuadernos, muros, ordenadores ventanas y papeles sueltos. Los que hemos desdibujado hasta convertirlos en textos maravillosos y también los que hemos olvidado, dudando si eran o no lo suficientemente buenos.
Ya no tenemos miedo.
Miento, si, tenemos infinitos miedos. Pesadillas que para muchos carecen de sentido, pero que para nosotros representan horas y más horas de estúpidos silencios.
¡Vivan los locos sin complejo de serlo!
¡Vivan los bohemio orgullosos de ello!
O, simplemente, vivan todos los adolescentes que encuentran en su cuarto un pequeño desierto de emociones, plagado de recuerdos, de risas, de llantos, de segundos, de palabras, de momentos, de sueños, de esperanzas y de metas.
Vivan los adolescentes que afrontan que la vida es un hecho y no una obligación.
Y todos los que viven bajo el lema de "Forever young" porque hace siglos que saben que no hay más camino que la libertad de saber que estás loco.
Nuestras imágenes pesan lo que pesan nuestros sueños. Aquellos que hemos dejado desde siempre escritos en cuadernos, muros, ordenadores ventanas y papeles sueltos. Los que hemos desdibujado hasta convertirlos en textos maravillosos y también los que hemos olvidado, dudando si eran o no lo suficientemente buenos.
Ya no tenemos miedo.
Miento, si, tenemos infinitos miedos. Pesadillas que para muchos carecen de sentido, pero que para nosotros representan horas y más horas de estúpidos silencios.
¡Vivan los locos sin complejo de serlo!
¡Vivan los bohemio orgullosos de ello!
O, simplemente, vivan todos los adolescentes que encuentran en su cuarto un pequeño desierto de emociones, plagado de recuerdos, de risas, de llantos, de segundos, de palabras, de momentos, de sueños, de esperanzas y de metas.
Vivan los adolescentes que afrontan que la vida es un hecho y no una obligación.
Y todos los que viven bajo el lema de "Forever young" porque hace siglos que saben que no hay más camino que la libertad de saber que estás loco.
C.
Voy a morirme como se mueren las divas.
Rellenaré una bañera con champagne, y buscare a tientas con la mano mi botecito de pastillas. Seguramente deje un par de rosas esparcidas por el baño y algunos de sus pétalos flotaran al rededor de mi cuerpo desnudo, hermoso, pálido.
Voy a dejarle, también, una nota a mi mejor amigo.
"No es asesinato, es suicidio. No dejes que nadie piense lo contrario."
Habrá cartas escritas con letras borrosas y débiles en el tercer cajón de la parte derecha de mi escritorio, una para cada persona que merece saber porque me muero. Allí donde me gusta guardar todos los secretos que no pienso llevarme a la tumba, porque alguien va a encontrarlos y va a escribir unas memorias con ellos.
Rellenaré una bañera con champagne, y buscare a tientas con la mano mi botecito de pastillas. Seguramente deje un par de rosas esparcidas por el baño y algunos de sus pétalos flotaran al rededor de mi cuerpo desnudo, hermoso, pálido.
Voy a dejarle, también, una nota a mi mejor amigo.
"No es asesinato, es suicidio. No dejes que nadie piense lo contrario."
Habrá cartas escritas con letras borrosas y débiles en el tercer cajón de la parte derecha de mi escritorio, una para cada persona que merece saber porque me muero. Allí donde me gusta guardar todos los secretos que no pienso llevarme a la tumba, porque alguien va a encontrarlos y va a escribir unas memorias con ellos.
Eso es lo que se hace con las divas.
Voy a morir empastillada en una bañera llena de champagne, sin sangre.
Porque las divas no sangran.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Tus seis minutos de vida.
Dale al play y escucha, antes de leer nada más, las primeras notas.
Los primeros 41 segundos de historia.
Quiero hacerte feliz. Durante seis minutos quiero que escuches esa canción y te olvides de todo.
Necesito que saques de tu cabeza los gritos y las acusaciones. Los problemas, las miradas acusatorias y toda esa mierda que te impide sonreír de verdad.
Durante seis minutos existen en este mundo las teclas que ves, los colores que se reflejan en ellas y tu sonrisa. No hay nada más para ti y si de mi dependiera siempre sería así. Sin miedo, sin lágrimas, sin distancias ni números estúpidos. Durante seis minutos tienes derecho a ser feliz, a quererte, a necesitar un abrazo.
Puedes llorar, puedes gritar puedes, si quieres parar la canción, dejar de leer y largarte de casa dando un portazo.
Tienes seis minutos para amar el mundo. Seis minutos para escuchar en tu cabeza como te pido que al fin seas libre.
No tienes que hacerme caso ¿quien soy yo para pedirte nada? ¿Qué puede cambiar, si todo va mal, que durante seis minutos dediques todos tus pensamientos a ti mismo?
No, es verdad, el mundo no va a girar más rápido en seis minutos. No se va a parar el tiempo, no vas a crecer, no voy a dejar de escribir, no se va a escribir una historia en seis minutos.
Pero eso no importa, a mi no me importa. Yo solo quiero regalarte seis minutos y que, si los necesitas, le des al play una y otra vez hasta hartarte. Hasta estar bien contigo mismo y con el mundo.
Te regalo seis minutos para que eches la cabeza hacia detrás y sueñes con un beso, un abrazo, una risa, un recuerdo... que formes en tu cabeza las ideas y pensamientos que se acumulan escondidos. Que te piden salir.
Quiero que sientas como mis dedos se deslizan por el teclado como si fuera un piano, para hacerte cosquillas en el estómago y arrancarte un suspiro. Porque muchas veces yo hubiera sonreído de haber tenido seis minutos para olvidarme del mundo, para pensar que pronto podré ser feliz lejos de los gritos y lejos del miedo. Seis minutos para recordarme a mi misma que las cosas no tienen porque estar mal.
Joder, que yo me he sentido como tú y mil veces peor y mil veces mejor.
Y si no quieres, si no te importa, si esto no te llega olvídalo. No necesitas seis minutos porque ya eres feliz.
Así que, lárgate de aquí y disfruta de cada segundo como si no hubiera modo de consumirlo.
Que siempre podrás volver a reclamar tus seis minutos de vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


